Personas valientes

Este será tu año“, le decía la madre a la niña cada 1 de enero, justo después de las uvas, entre abrazos y lágrimas de emoción dándo la bienvenida al nuevo año. Mirando siempre hacía delante como si lo venidero fuera a ser mejor que lo pasado. Y en el fondo no importaba que fuera mejor o peor sino la manera en la que ella iba aprendiendo poco a poco a enfrentarse a lo que viniera. Y de esta forma le enseñó la madre a vivir a su hija. Y así, fue creciendo y tomando decisiones con el miedo que conlleva equivocarse y, al fin y al cabo, siendo valiente sin saberlo. Lo más maravilloso de todo ocurrió cuando la niña se dió cuenta  de la gran cantidad de personas valientes que la rodeaban. Y hoy  son ellos los protagonistas de la historia.

Érase una vez…

Érase una vez un grupo de personas valientes. Pero, ¿por qué eran valientes? os preguntaréis. Dejarme que os cuente algo. Es fácil vivir la vida cuando pasas por ella sin pena ni gloria; cuando los problemas apenas te tocan; cuando creces sin conocer el dolor o el sufrimiento. Y pensaréis: “todo el mundo tiene problemas y todo el mundo sufre”. Es posible, pero unos más que otros.

En cualquier caso, esta historia no va sobre el sufrimiento ni es una competición sobre quién lo ha pasado peor, ¡al contrario! Es un homenaje a personas valientes que se han enfretado a las adversidades y han sacado lo mejor de ellos mismos. Y por favor, no caigamos en la demagogia de extraer de mis palabras la idea de que “solo el que sufre es valiente, y solo el valiente es bondadoso”. Sigamos la historia, porque trata de otra cosa.

Este grupo de personas se reúne todas las semanas. Y da gusto llegar a un sitio donde la gente no  juzga, donde los intereses se comparten, donde no existe competitividad sino generosidad y ayuda altruista. Un grupo de personas sanas de mente, de corazón y, ¿por qué no? de alma.

Imaginaos una clase en la que se puede opinar sin que nadie te señale. En la que se puede hablar de la idea de un compañero durante 20 minutos sin que nadie piense “¿ y sobre mi idea cuando hablamos?”. Una clase en la que todo el mundo se regale consejos. Se REGALEN consejos… hermosa palabra en un tiempo en el que nadie da nada gratis.

Pero ahora, por un momento, quizás por un iluso o utópico momento, cerremos los ojos e imaginemos no una clase así sino un mundo así. Vale, ¿me he puesto demasiado soñadora verdad? Me hago gracia a mi misma porque estos pensamientos los tenía con 15, 16, 18 años. Después, una oleada de realidad, como si de una bofetada se tratara, me puso los pies en la tierra. Sin embargo, creo que en el fondo, no renuncio a la idea de cambiar las cosas, de encontrar rincones de tolerancia con gente tan especial como la que acabo de conocer, gente que respeta. Y para mi eso es ser valiente. Ser capaz de tolerar y respetar a quien tienes delante sin miedo a perder la identidad. Podría aplicar esto a tantos y tantos y tantos ejemplos que estamos viviendo en la actualidad… (pero eso forma parte de otro cuento…)

Valiente es la persona que le dicen “no puedes” y el responde “¿por qué no?”.

Valiente es la persona que  si tropieza y no cae, da dos pasos hacía delante. Y si cae, se levanta y piensa “yo puedo”.

Valiente es la persona que renace y se reinventa.

Gracias compañeros por los ratos que compartimos los viernes, cansados de la semana, y los sábados, con legañas en los ojos. Y  a los responsables y profesores que hacen posible esta aventura.

Y para vosotros, ¿qué es ser valiente? ¿Quieres contarme alguna anécdota que conozcas de alguna persona valiente? Me encantaría leerte.