Sueña, princesa, sueña

He dejado de fumar por lo menos tres veces.
He dejado de creer en políticos, en la prensa y en dios.
He dejado de querer incluso cuando pensaba que nunca dejaría de hacerlo.
He dejado de lado.
He dejado atrás.
He dejado de frente diciendo te odio con los ojos y te quiero con las lágrimas.
He dejado notas en espejos, cristales en labios y balas en recámaras.
Confieso que he dejado.
También me han dejado a mí.
Pero nunca, nunca, hasta el día de hoy he dejado de soñar. Bajo ningún concepto.

(Ángel Gris)

Poemas que parece que estuvieran esperándote. Por eso, por los sueños, escribo hoy.

Dicen que la vida es cíclica. Y empiezo a pensar que es verdad. Cada cuatro años es bisiesto; cada cuatro años hay olimpiadas y votamos; cada tres meses cambiamos de estación; cada 24 horas tenemos un día menos, o un día más; cada vez que te veo sonrío y cada, aproximadamente, dos años me ocurre un fenómeno extraño que lo pone todo patasarriba y que me avisa de que el cambio es inminente. A veces cambio de país, otras veces cambio de pareja, otras veces cambio de estudios… pero siempre un cambio. Una necesidad imperiosa por conocer, avanzar y descubrir se apodera de mí y la curiosidad se despierta como si en un sueño profundo hubiera estado, cuando en realidad lo que ha estado haciendo es precisamente eso: construir profundamente un sueño en lo más interno de mi.

Esto es algo que de un modo u otro nos pasa a todos (o a casi todos). No solemos darnos cuenta en el día a día de que nos está ocurriendo. Pero de pronto, una mañana, casi sin avisar, nos levantamos con la curiosidad a flor de piel, con inquietud, con más entusiasmo de lo normal, con ideas, con la cabeza llena de “¿y si?”, “¿por qué no?”, “es el momento”. Y son esas palabras mágicas, ese “ahora o nunca” las que determina el cambio y lo hacen absolutamente imparable. Hay gente a la que le sube la fiebre. A mí me sube la inquietud. Y cuando eso ocurre, mis energías se vuelcan en buscar, se vuelvan en saber, se vuelcan en encontrar respuestas.

Esto no quiere decir que seamos eternos inconformistas y que siempre necesitemos más de lo que tenemos o deseemos estar done no estamos. Yo, disfruto del camino y de cada cosa que hago y de hecho aprendo tanto con todo lo que vivo que por eso precisamente sigo evolucionando. Simplemente, creo, consiste en seguir buscando hasta dar con ese tesoro personal que cada uno de nosotros tenemos, con todo eso que nos hace felices. Y existe. No son cuentos de hadas. Sé que la mayoría de la gente no trabaja en lo que gusta, sé que la mayoría de la gente no vive donde quisiera, sé que la mayoría de la gente piensa que todos estos deseos son fruto del capricho y de la falta de madurez… pero, yo, que amo a la mayoría de la gente pero que no siempre estoy de acuerdo con ella, me pregunto: “¿de verdad es tan difícil trabajar en lo que a uno le gusta, vivir donde uno quisiera y hacerse este tipo de preguntas de vez en cuando?

Bien es cierto que en muchas ocasiones, o casi siempre, las circunstancias imperan y no nos permiten acceder a todos los deseos al tiempo que nos gustaría. Bueno, hay que ser felices con lo que tenemos y más allá, buscar la felicidad en el día a día, en los pequeños detalles, en la gente que nos rodea, en cada sonrisa, y sobre todo, agradecer. Si, agradecer todo lo que tenemos porque como alguien muy especial en mi vida dice a menudo: “somos ricos de lo no material”. Y con eso debería bastar. Sin embargo, no está mal perseguir los sueños. Y de eso os hablo, y en eso estoy.

De manera tímida y atrevida os dejo algo que nunca comparto. Como si de un cuento de princesas se tratara, unos breves versos que la Reina en su último aliento le dijo a su querida hija:

Erase una vez…

Querida hija mía, princesa de mis amores, escucha con atención lo que esta vieja te cuenta, ahora que las horas se detectan como las últimas, quiero que en mis ojos veas parte de mis experiencias y si sólo un consejo puedo dejarte de herencia, deseo que sea este: sueña, princesa, sueña.

Si las mariposas pueden vivir en el estómago,
Si las nubes se levantan y los pajarillos cantan,
Si los probables son posibles,
Si los posibles son alcanzables,
Si lo que querías no se cumplió y lo que se cumplió no lo buscabas,
Si detrás de cada pregunta está la misma mirada,
Si el espejo no te devuelve la imagen que deseabas,
Si los días se hacen años y los años van volando,
Si mañana será mejor que ayer pero hoy no haces nada,
Si llevas toda la vida esperando desesperada,
Entonces, princesa, hija mía…
Levántate. Despierta. Y escucha el revoloteo.
Eleva el ancla, la mirada y el alma.
Surca el mar desconocido y atrévete a perderte en el infinito
pues no hay horizonte difuso sino destino aún no escrito.

No me quiero despedir hoy sin citar dos frases que han hecho historia y que sino las hubieran dicho ya otros, las haría mías.

«Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años.»
(Abraham Lincoln)
«A veces podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante.»
(Oscar Wilde)

sueña, princesa, sueña

sueña, princesa, sueña